El riesgo de penetración de importantes sectores del sistema financiero por parte de las organizaciones criminales ha dado lugar a una política internacional coordinada, instrumentalizada en España a través de la Ley 10/2010 de prevención de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo, que impone una serie de obligaciones a los sectores de riesgo y a los movimientos de medios de pago.
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